Sábado, 27 de febrero, año 2010 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador – Iberoamérica
(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
EL HEBREO APÓSTOL PEDRO PROFETISA DE LAS TRES ENRAMADAS SANGRIENTAS:
El Rabino de nuestro Padre celestial lleva a lo alto de uno de los
montes de Israel a tres de sus apóstoles, para reunirse con Moisés y a
Elías del pasado, con el fin de que Pedro profetice por el Espíritu
Santo lo cruento que le venia a él en los días venideros, de parte del
Sanedrín y de los romanos. Entonces sobre el monte Pedro le dice al
Señor Jesucristo, por unción del Espíritu de Dios: Bueno es que
estemos aquí, Señor, sobre este monte ventoso y sublime, todo se ve
glorioso por todos lados, ¿verdad?
Si me lo permites, entonces yo mismo levantare una enramada para ti,
una para Moisés y otra para Elías, para que se abriguen debajo de las
enramadas, si de pronto viene un mal tiempo de viento y lluvia. Y el
Señor Jesucristo no le decía nada, porque veía como el Espíritu de
Dios se movía grandemente sobre lo alto del monte; además, nuestro
Señor Jesucristo sentía que algo iba a hacer nuestro Padre celestial,
en aquel momento, en referencia a él y su ministerio grandioso sobre
todo lo alto de Israel, para bendición eterna de muchos.
Por lo tanto, Pedro no estaba hablando por si solo, sino que era el
mismo Espíritu de Dios que le había puesto palabras proféticas, de las
cuales se cumplirían en días si no en horas, dada la necesidad de
nuestro Padre celestial que éste gran sacrificio de sangre expiatoria
y de amor eterno se cumpla, de bote a voleo. Pues éste es el
sacrificio supremo de amor eterno, por el cual nuestro Padre celestial
inicialmente no solamente hace que Abram y sus hombres coman y beban
de la mano de su Rey Melquisedec: «el pan y el vino», sino que también
empieza la vida de Israel, para culminar gloriosamente con ésta gran
obra sublime e inolvidable para su corazón santísimo.
Verdaderamente, lo que Pedro anuncia desde lo alto del monte era la
crucifixión y muerte no sólo de nuestro Señor Jesucristo, sino también
de los dos testigos hebreos, los cuales no solamente sufrirían con él
paso a paso el dolor de los clavos y su muerte cruenta y agonizante,
sino que pasarían juntos con él a la eternidad. Puesto que, para esto
desciende inicialmente de parte de nuestro Padre celestial su Rabino
Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, para nacer santo entre las
familias de Israel, para posteriormente llevárselos con él de regreso
al paraíso, pero con el Espíritu Santo de los Diez Mandamientos
infinitamente cumplidos y glorificados en sus vidas eternas, para bien
de muchos eternamente y para siempre.
Además, los dos testigos fieles de los acontecimientos de la
crucifixión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, clavado sobre lo
alto de los dos palos de Adán y Eva sobre el monte santo de Jerusalén,
realmente serian tan fieles y honorables como Moisés y Elías, a pesar
de que ambos morían por culpa de sus pecados junto al Señor
Jesucristo. Por lo tanto, estas son las enramadas sangrientas sobre
todo lo alto del monte santo de Jerusalén, en Israel, por las cuales
nuestro Padre celestial con gran poder y autoridad de su nombre
santísimo libera a Israel de Egipto, para que le sirvan sólo a él,
pero por medio de este gran sacrificio de amor eterno para siempre en
la eternidad.
Por eso, fue que nuestro Señor Jesucristo permite que al llegar a lo
alto del monte, entonces Moisés y Elías se manifestaran junto a él,
hablando de las cosas que habían de suceder pronto sobre todo lo alto
del monte santo de Jerusalén, para cumplir la Escritura y las buenas
promesas de nuestro Padre celestial para con todo Israel de siempre. Y
estas promesas prometidas a todo Israel, por medio de sus patriarcas
como Abraham, Isaac y Jacobo, realmente son por amor eterno del
supremo sacrificio sagrado de la enramada sangrienta a la entrada de
Jerusalén: para perdón, bendición, sanidad, salud y vida eterna, en la
tierra y en el cielo, como en La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del
más allá.
Entonces lo que Moisés y Elías hablan con nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax, el Hijo de David, sobre todo lo alto del monte de la
transfiguración no lo sabemos, porque no está escrito; sin embargo,
podemos ver claramente como se desenvuelven esas palabras en todo lo
que posteriormente sufre nuestro Señor Jesucristo, en manos del
Sanedrín y los soldados romanos, por ejemplo. Aquí se vertería al fin,
sobre lo alto del monte santo de Israel, la sangre expiatoria de los
sacrificios de cada día y de cada noche, para cubrir no solamente los
pecados de las naciones del pasado, sino también para las naciones
futuras, como en nuestros días, comenzando con Israel, para que no
mueran jamás, sino que vivan infinitamente.
Pues, éste es el sacrificio santo y de amor eterno, por el cual
nuestro Señor Jesucristo siempre les habla a sus siervos, desde el
comienzo de todas las cosas, como con Abraham, Isaac, Jacobo y muchos
más también, como Moisés y Elías que ofrendaban sus sacrificios de
sangre delante de nuestro Padre celestial, quizás sobre éste mismo
monte algunas veces. Porque la verdad es que Israel, comenzando con
Abraham y sus hijos, ofrecía sangre derramada sobre sus holocaustos
delante de nuestro Padre celestial cada día y a través de los siglos,
como para llenar algunas veces el río Nilo, por ejemplo; y toda esta
sangre sacrificada se derrama siempre, en el nombre del Rabino Yeshua
jaMashíax, ¡nuestro Salvador Jesucristo!
Entonces sobre todo lo alto del monte, nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax, el Hijo de David, se transfigura como un sol brillante
delante no solamente de Moisés y de Elías sino también de Pedro,
Jacobo y Juan su hermano, para que entendiesen para siempre, que sólo
él es el gran Rey Mesías que los antiguos siempre anunciaron a todo
Israel. Además, nuestro Señor Jesucristo se transfigura así delante de
sus siervos del pasado y de siempre como la luz más brillante que el
sol, para manifestarles que es ésta misma luz que no solamente Moisés
ve sobre el Sinaí, como la zarza ardiente sin quemar nada, sino
también a través de las edades y hasta ese mismo día, por ejemplo.
Porque la verdad es que todos los siervos de nuestro Padre celestial
siempre predican a todo Israel de la vida gloriosa y sumamente santa
del Rabino, por amor a él mismo, para perdón, para sanar el cuerpo y
el espíritu humano del hombre, con el fin de que las naciones vean
también brillar grandemente el gran poder del Santo de Israel. Porque
la verdad es también, de que nuestro Padre celestial desea grandemente
en su corazón santísimo sus mismas bendiciones de vida, salud y
prosperidad de Israel para cada una de todas las naciones de la
tierra, de aquellos días y de siempre, por ejemplo, para que su nombre
muy santo sea glorifique ya en sus vidas grandemente y para siempre.
Entonces sobre lo alto del monte y transfigurado grandiosamente el
Rabino Yeshua jaMashíax, el Hijo de Dios, se manifiesta como Dios y
Rey Mesías eterno de Israel, para cumplir la voluntad perfecta de
nuestro Padre celestial no solamente en Israel, sino también sobre
todas las naciones de la tierra, para gloria y honra infinita de su
nombre muy santo. Con ésta manifestación sobrenatural de nuestro Señor
Jesucristo delante de Moisés, Elías, Pedro, Jacobo y Juan, no
solamente fue para presentarse como el Hijo de Dios a todo Israel sino
también a las naciones, alcanzándolos así con su luz santa más
brillante que el sol; entonces desde lo alto al fin la luz divina toca
a las naciones grandemente y para siempre.
Por esta razón, Pedro, lleno del Espíritu de Dios, entonces le dice al
Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo: Señor, es bueno que
estemos aquí con nuestros hermanos del pasado, porque siento
grandemente la presencia gloriosa de nuestro Padre celestial y de su
Espíritu Santo. Por eso, si me lo permites, levantare una enramada
para ti, una para Moisés y otra para Elías. (Éste es el sacrificio
supremo de sangre expiatoria para amor eterno de nuestro Padre
celestial y su unigénito, por el cual siempre sueña en llevarlo acabo
sobre la tierra promedia, escogida especialmente por él mismo para
esta gran obra salvadora, por la cual seria recordada y hablada por
muchos para miles de generaciones venidera.)
Al decir estas palabras proféticas del corazón, del hombre lleno del
Espíritu de Dios para cumplir al fin con la profecía o voluntad
gloriosa de nuestro Padre celestial sobre todo lo alto de Israel,
entonces se oye una voz del cielo, diciendo: ¡Éste es mi Hijo amado,
el que me complace en todo Israel y en las naciones para bendición
eterna! A él oigan, y hagan por siempre todo lo que les mande hacer,
para gloria y honra infinita de mi nombre muy santo en los cielos y
sobre toda la tierra de Israel.
Puesto que, sólo en él está el amor eterno y la vida celestial, por lo
tanto: el perdón, la bendición, la sanidad del cuerpo, alma y espíritu
humano de cada hombre, mujer, niño y niña de todo Israel y de las
naciones abundan grandemente en él, para que renazcan en su Espíritu
del cumplimiento y la glorificación infinita de la Ley. Por tanto,
nuestro Padre celestial anuncia delante de Moisés, Elías de la
antigüedad y así también delante de Pedro, Jacobo y Juan su hermano
para los días venideros, de que su Rabino Yeshua jaMashíax, el Hijo de
David, “es su unigénito”, para que todo Israel eterno entienda para la
eternidad, de que él tiene un Hijo santo entre ellos, para siempre.
Además, éste Hijo santo que nace entre ellos, fue realmente para
cumplir no solamente su palabra a sus antepasados, sino también para
cumplir con el Espíritu Santo de los Diez Mandamientos, recibidos
inicialmente por Moisés sobre el Sinaí, para que el pecado muera y
entonces la vida eterna fluya como río de agua viva, por todo Israel y
entre las naciones. Además, nuestro Padre celestial testifica con gran
orgullo en su corazón santo, de que el Rabino Yeshua jaMashíax, el
Hijo de David, es su unigénito, porque no solamente nace sin pecado
por el poder sobrenatural de su Espíritu Santo en el vientre virgen de
la hija de David, sino que también cumple grandemente con los
mandamientos, para fin del pecado de todos.
Y el fin del pecado significa para nuestro Padre celestial y así
también para cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de
Israel y de las naciones del mundo entero, de que nosotros también
somos hechos hijos e hijas de Dios, porque el creer en él y confesar
su nombre salvador nos limpia poderosamente del pecado, para siempre.
Además, esto no solamente es el fin del poder del pecado y de la
maldad en Israel, sino también en todos los lugares de la tierra, para
que así la misma vida gloriosa que reina en el cielo con sus ángeles,
entonces reine grandemente en cada hombre, mujer, niño y niña de la
humanidad entera, eternamente y para siempre.
Por ello, cuando nuestro Señor Jesucristo se transfigura como el sol
más brillante de nuestro sistema solar, porque él es el sol de la vida
eterna del universo angelical, como de La Nueva Jerusalén santa y
perfecta del cielo, en donde todos vivimos llenos del Espíritu Santo
de su amor eterno, entonces nos declara universalmente que él es
nuestra única vida eterna. En otras palabras, sólo nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax, el Hijo de David, desciende del cielo con la vida
eterna que Adán y Eva dejan atrás en el paraíso, por el error de
creerle a las palabras mentirosas de la serpiente antigua; y ésta es
la verdadera vida eterna, llena de salud y de bendiciones, para cada
uno de nosotros, para siempre.
Es decir, también que cuando nuestro Señor Jesucristo brilla
sobrenaturalmente sobre lo alto del monte de la transfiguración
delante de Moisés, Elías de la antigüedad y de nuestros días Pedro,
Jacobo y Juan, fue entonces para dejarnos ver, por un rato, como
nuestra vida eterna brilla en cada uno de nosotros también, sí lo
recibimos en nuestros corazones como Dios manda. Visto que, éste es el
sentir universal de cada corazón de los ángeles, arcángeles,
serafines, querubines y demás seres santísimos del cielo, comenzando
con nuestro Padre celestial inicialmente, por supuesto, como su
Espíritu Santo y su mismo unigénito también, de que aceptemos ya “el
sacrificio de amor eterno” para salvación eterna, consumado en Israel
para todas las naciones, ¡nuestro Salvador Jesucristo!
Entonces sobre todo lo alto del monte de la transfiguración, nuestro
Señor Jesucristo no solamente brilla como el sol del universo para los
hombres de la antigüedad, sino también para los hombres, mujeres,
niños y niñas de nuestros días, para que entendamos y así podamos ver
y vivir a través de la Escritura un poquito de nuestra misma vida
eterna en él. Además, nuestro Padre celestial lo hace así
intencionalmente con su unigénito sobre todo lo alto del monte de la
transfiguración, para que todas las generaciones del pasado y del
futuro entiendan que su misma vida eterna está escondida en él, para
los que creen en sus corazones y así confiesan con sus labios su
nombre santo y salvador, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Puesto que, en creer en nuestros corazones y confesar con nuestros
labios la vida y el nombre glorioso de nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax, el unigénito, entonces creemos y confesamos victoria sobre
el pecado y sobre las artimañas escondidas de Satanás y de sus
malvados, para así vivir cada día la vida santa y más brillante que el
sol, ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque ésta fue la voluntad santa de
nuestro Padre celestial inicialmente en el cielo para con cada uno de
nosotros, en nuestros millares, de todas las familias de la tierra,
comenzando con Adán y Eva, por ejemplo, de que vivamos por siempre la
vida santa y más brillante que el sol delante de su presencia
santísima, ¡nuestro Señor Jesucristo!
En verdad, tú al fin dirás: ¿Cómo yo puedo vivir una vida santa en la
tierra, si nací en el pecado del vientre de mi madre? Además, si,
verdaderamente tú no puedes vivir jamás la vida santa y eterna del
cielo, entonces no solamente nuestro Padre celestial jamás te formase
en sus manos poderosas para que lleves su imagen y vivas conforme a su
semejanza celestial, sino que tampoco jamás te confiaría la vida
gloriosa de su unigénito, su Rabino Yeshua jaMashíax, ¡el Santo de
Israel, para siempre!
Pero la verdad es que tú sí puedes vivir una vida santa en la tierra y
en el cielo también, como en La Nueva Jerusalén bendita y gloriosa del
cielo, por ejemplo, y todo esto gracias al amor eterno que nuestro
Padre celestial siente desde siempre por nuestro Señor Jesucristo, ¡el
único salvador posible para Israel y para las naciones! Porque cuando
nuestro Señor Jesucristo nace del vientre virgen de la hija de David,
por los poderes y autoridades sobrenaturales del Espíritu Santo,
entonces no solamente retoñas para la eternidad de nuestro Padre
celestial, sino que también al fin recibes la vida eterna, la vida
gloriosa y feliz que Adán y Eva pierden en el paraíso por culpa de la
serpiente mentirosa.
Con esto, lo que te estoy manifestando, es que cuando nuestro Señor
Jesucristo desciende del cielo, entonces nos entrega su vida eterna,
en la cual renacemos en ella cuando él mismo nace del vientre virgen
de la hija de David, por los poderes sobrenaturales del Espíritu
Santo, introduciendo así una vida sin pecado y feliz en Israel y para
las naciones. Y como ésta vida gloriosa, libre de Satanás y de sus
mentiras, no hay otra igual en el cielo ni en la tierra, por eso
tenemos que recibirla en nuestros corazones con tan sólo creer en
nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, como el enviado de nuestro Padre
celestial, para liberarnos de los pecados de Adán y Eva así como
Israel se libera de Egipto.
Pues ésta es la vida eterna que nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, el
Hijo de David, trae al mundo entero, tu misma vida gloriosa y feliz
del cielo, en la cual nuestro Padre celestial te crea en sus manos
santas, y luego la pierdes con Adán y Eva cuando creen en sus
corazones y confiesan con sus labios las mentiras de Satanás. Así
pues, si tan sólo crees en tu corazón y confiesas con tus labios el
sacrificio de sangre expiatoria llena del amor eterno entre nuestro
Padre celestial y de su unigénito, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax,
entonces no solamente escapas el pecado y Satanás con su condena
eterna del infierno, sino que entras inmediatamente a la vida
prestigiosa de La Jerusalén celestial.
Verdaderamente, con nuestro Señor Jesucristo viviendo en tu corazón
como el Rabino Yeshua jaMashíax del cielo para ángeles y para hombres,
mujeres, niños y niñas en la tierra y en el paraíso también, entonces
todos vivimos y disfrutamos no la vida de mentiras sino la vida de la
verdad y el amor perpetuo entre nuestro Padre celestial y su
unigénito, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Pues para esto nuestro Padre
celestial nos crea en sus manos santas inicialmente desde lo más
profundo de su corazón glorioso en el cielo, para que vivamos gozando
a cada hora su vida santísima, llena del Espíritu Santo del amor
eterno, entre él y su Hijo amado, el Rabino Yeshua jaMashíax, ¡nuestro
Señor Jesucristo!
Y como muchas veces no sientes éste Espíritu Santo del amor eterno
entre nuestro Padre celestial y su Rabino Yeshua jaMashíax, el Santo
de Israel, entonces tu corazón vive enfermo y abierto juntamente a
cualquier ataque de mentiras y maldades de Satanás y de su serpiente
antigua, para seguirte haciendo daño y hasta que mueras, sin Dios y
sin su Jesucristo. Porque lo peor que le puede suceder a cualquier
corazón o alma viviente del hombre, de la mujer, del niño y de la niña
de toda la tierra, en verdad, es morir sin Dios y sin su Jesucristo
viviendo ya en todo su ser para perdón, para bendición y para vida
eterna con todos sus privilegios santísimos y gloriosos del más allá.
Por esta razón, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, el Santo de Israel,
jamás debe de faltar en nuestros corazones, para no solamente cumplir
con toda verdad, santidad y justicia del Espíritu Santo de los Diez
Mandamientos, sino también para complacer grandemente a todos los
ángeles del cielo, porque ellos ven siempre el rostro de nuestro Padre
celestial que está en el cielo. Por eso, debemos de aceptar en
nuestros corazones a nuestro Señor Jesucristo, como nuestro único
Rabino Yeshua jaMashíax posible para perdón de nuestros pecados y para
bendición y salvación eterna de nuestras almas vivientes, en esta vida
y en la venidera también, para que la palabra de nuestro Padre
celestial se cumpla en nosotros, cuando dice: ¡Éste es mi Hijo amado!
Crean en él, porque él es su verdadera vida que desciende del cielo
para vivir la felicidad de cada día en verdadero romance celestial de
su paz y gloria infinita del nuevo reino angelical, La Nueva Jerusalén
santa y gloriosa del más allá, en donde todos, ángeles y hombres,
siguen amando a su Dios y Creador por medio de su Jesucristo. Porque
creer en él, en verdad, es creer en mí, como su Dios y Fundador de sus
vidas en esta vida y en la venidera, eternamente y para siempre, les
manifiesta desde el cielo mismo nuestro Padre celestial a los siervos
de su unigénito sobre todo lo alto del monte, ¡Yeshua jaMashíax!
Además, ésta es la vida eterna, en la cual puedes verdaderamente ser
feliz y desde ya junto con los tuyos y hasta con tus amistades
también, en la tierra y en el paraíso, visto que tu corazón y tu alma
viviente no conocen otra vida que no sea ésta, la del árbol de la vida
sobre su monte alto, ¡nuestro Señor Jesucristo! Por ello, ésta es una
vida eterna, llena de salud y de bendiciones sin fin, en la cual
puedes gozar la felicidad de la verdad y de la justicia de nuestro
Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, para jamás volver a
sufrir los males de Satanás y de sus ángeles caídos, en la tierra y en
el paraíso, para siempre.
Porque cualquier que no está viviendo la vida santa y gloriosa del
Rabino Yeshua jaMashíax, el Hijo de Dios, está viviendo una vida de
sufrimiento y de maldiciones increíbles en esta vida y en la venidera
del más allá también, como en el mundo de los muertos, el infierno y
hasta del mismo fuego eterno, la segunda muerte de toda alma perdida.
En otras palabras, si sigues viviendo en la vida rebelde de Adán y
Eva, en la cual naces del vientre de tu madre, entonces estás abierto
siempre a cualquier ataque de Satanás, para seguirte haciendo daño
como antes; pero si Jesucristo vive en tu corazón, entonces vives
protegido y bendecido siempre por nuestro Padre celestial y por su
Espíritu Santo.
Verdaderamente, ésta vida de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax viene
fiel a ti y a los tuyos a cada hora y sin cesar, para que dejes atrás
la vida pecadora de Satanás y así al fin empieces a gozar la verdadera
vida, por la cual nuestro Padre celestial te crea en sus manos santas
en la tierra celestial de la paz eterna. Y a esta vida santa del reino
angelical no podrás jamás volver a ella, si no crees en tu corazón y
así confiesas con tus labios el nacimiento santo del vientre virgen de
la hija de David, por unción del Espíritu Santo, para que a los nueve
meses entre en nuestras vidas, la vida eterna del cielo, ¡el Hijo de
Dios!
Es más, nuestros huesos, nuestras carnes, nuestras almas vivientes
junto con nuestro espíritu humano no son para vivir en el mundo en que
nacimos de nuestras madres, sino del mundo en donde nuestro Padre
celestial nos crea inicialmente en sus manos, en su imagen y conforme
a su semejanza celestial para vivir por siempre en su tierra de la
felicidad eterna. Por lo tanto, tu verdadera vida no es jamás en la
que naces del vientre de tu madre en el mundo, sino del mundo de
arriba en el que naciste originalmente en las manos de nuestro Padre
celestial, para que conozcas por siempre su nombre santísimo, en la
vida gloriosa del fruto de la vida sobre el monte santo, ¡nuestro
Señor Jesucristo!
Por eso, Pedro le dice al Señor Jesucristo cuando estaba sobre lo alto
del monte con Moisés y Elías: Bueno es que estemos aquí, Señor. (Como
quien dice, por ejemplo: Gracias a nuestro Padre celestial que subimos
a lo alto del monte, pero esta vez con toda verdad, justicia y
santidad perfecta para agradar grandemente el corazón santísimo de
nuestro Padre celestial, para que ya no nos vea él en pecado sino
llenos de la santidad eterna y salvadora de nuestro Salvador
Jesucristo.)
Estas palabras nos están diciendo cada vez, de que con el Rabino
Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, somos levantados de la
vida pecadora de Satanás en todos los lugares de la tierra, para
recobrar y vivir por siempre nuestra verdadera vida en la que nacimos
originalmente en el cielo, en las propias manos de nuestro Padre
celestial para la eternidad. Por lo tanto, es sólo nuestro Señor
Jesucristo quien nos levanta hacia nuestro Padre celestial con los
poderes y autoridades sobrenaturales que recibe inicialmente antes de
descender a cada uno de nosotros, para introducirnos a su vida
santísima, con tan sólo creer en nuestros corazones y confesar con
nuestros labios su nombre salvador y lleno de salud sin fin para
todos.
Porque escrito está, de que todo aquel que invoque en los últimos días
el nombre glorioso y sobrenatural del Rabino de nuestro Padre
celestial para Israel y para las naciones, su Jesucristo, entonces
será perdonado, su nombre inscrito en el libro de la vida para
bendición y salvación infinita, para entrar desde ya a la vida eterna
de La Nueva Jerusalén celestial. En este día, nuestro Señor Jesucristo
eleva al hombre, a la mujer, al niño y a la niña de todas las familias
de las naciones al nivel aún mucho más alto del que Moisés alcanza
sobre el Sinaí, por ejemplo, para vivir cada día de nuestras vidas
siempre lo más cerca posible a nuestro Padre celestial que está en el
cielo.
Esto fue algo que jamás le sucede al hombre de toda la tierra, ni con
sus patriarcas, pero cuando nuestro Señor Jesucristo lleva a sus
apóstoles a conocer a sus siervos del pasado, como Moisés y Elías, por
ejemplo, entonces los levanta bien en alto para poder oír la voz de
nuestro Padre celestial que les dice: ¡Éste es mi Hijo amado! Porque
en el reino angelical, los ángeles se dicen el uno al otro y sin
parar, desde tiempos inmemoriales y hasta nuestros días:
Verdaderamente, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, el Hijo de David, es
el Hijo de Dios, para gloria y honra infinita del nombre muy santo de
nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo, eternamente y para
siempre.
Y ésta palabra de nuestro Padre celestial manifestada por él mismo a
Israel y al mundo entero, de que el Rabino Yeshua jaMashíax, el Santo
de Israel, es su Hijo amado, en verdad, tiene que regarse sobre todos
los lugares de la tierra, para que las naciones honren y glorifique
grandemente su nombre muy santo también y para siempre. Por lo tanto,
éste es un gran día de victoria eterna para el cielo y para la
humanidad entera, porque nuestro Rabino Yeshua jaMashíax nos acerca a
nuestro Padre celestial sobre todo lo alto del monte, para que por
siempre oir su voz, la que nos dice sin cesar: Éste es mi Hijo amado
en la tierra y para la eternidad.
Él es el prometido que Moisés les anuncia inicialmente a los antiguos,
para que crean en él en sus corazones y confiesen su nombre salvador
con sus labios, para gloria santa y eterna del nombre glorioso de
nuestro Padre celestial que está en el cielo. Háganle caso a lo que
les mande hacer, le dice el SEÑOR a Israel de siempre, para bien de
sus vidas y la de los suyos cada día y para siempre en La Nueva
Jerusalén santa y perfecta del cielo, en donde todo es amor y verdad
en el corazón de los ángeles, hombres, mujeres, niños y niñas de la
humanidad entera.
Además, estas palabras que nuestro Padre celestial pronuncia sobre las
nubes más altas del monte, en donde Moisés y Elías hablan con nuestro
Señor Jesucristo delante de Pedro, Jacobo y Juan, realmente no fueron
atinadas sólo para ellos, sino para nosotros hoy en día y para
generaciones venideras también, para que sepamos de él mismo, de que
Jesucristo es su unigénito. Aquí, lo que nuestro Padre celestial está
manifestando fielmente a todo Israel de siempre y a las naciones
también, sobre todo lo alto de las nubes del monte de la
transfiguración, de que no hay otro salvador posible en la humanidad
entera para el alma del hombre, que no sea su Rabino Yeshua jaMashíax,
¡nuestro Señor Jesucristo!
Por esta razón, Pedro al ver a Moisés y Elías junto a él, a Jacobo y
su hermano Juan, entonces le dice al Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro
Salvador Jesucristo, si me permites: Yo levantare tres enramadas, una
para ti, una para Moisés y otra para Elías. Nuestro Señor Jesucristo
sí entendía perfectamente lo que Pedro le estaba diciendo en aquel
momento, con estas palabras ungidas por el Espíritu de Dios; estas
palabras ungidas de parte de Dios, en verdad, le confirman a nuestro
Señor Jesucristo por medio de Pedro, de cómo él tenía que padecer
mucho por amor a Israel y por amor a las naciones también.
Además, esto significa que nuestro Señor Jesucristo acepta de los
labios de Pedro la enramada sangrienta, en la cual los hebreos y los
gentiles lo crucificarían sobre el dintel y los dos palos de la puerta
sangrienta de Jerusalén, para derramar su sangre expiatoria, la vida
santísima con la que desciende inicialmente del cielo para dejarla
regada en Israel y para las naciones. Y las otras dos enramadas, no
eran tanto para Moisés y Elías, sino para dos hebreos condenados ya a
ser crucificados también sobre los palos, como los dos palos cruzados
de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para que sean testigos fieles de
los acontecimientos de aquellos días y para siempre en el infierno y
en el cielo también, delante de las naciones.
Porque escrito está, que todo testimonio de dos o tres testigos es
fiel y verdadero en cualquier corte de justicia en la tierra y en el
cielo, delante de nuestro Padre celestial, de su Espíritu Santo y de
sus ángeles, para establecer toda verdad eternamente y para siempre,
derrotando así a Satanás y a sus engaños antiguos y de siempre. Porque
estos testigos hebreos, no solamente iban a ser testigos de los
acontecimientos de los sufrimientos y muerte de nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax, el Hijo de Dios, sobre el monte santo en las afueras de
Jerusalén, sino que también son testigos fieles delante de las
naciones que están en el otro mundo, esperando también por el Mesías
de siempre.
Además, todas las naciones del pasado esperan por la manifestación del
juicio final de nuestro Padre celestial y de su Cordero escogido,
nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, en donde darán cuenta de cada una de
sus palabras y de sus acciones en contra del Hijo de Dios, sea para
bien o sea para mal y para siempre, en la eternidad. Porque escrito
está también, de que todas las naciones que se olviden de Dios serán
lanzadas al infierno, en donde el gusano no se cansa de morder y de
comer de las almas perdidas que mueren sin la salvación de Jesucristo
sellada en sus corazones, con tan sólo creer en su espíritu humano y
confesar con sus labios su nombre salvador.
Allí, las almas perdidas, de las cuales mueren constantemente sin la
salvación de nuestro Señor Jesucristo, pues sufrieran la condena
eterna por cada una de las palabras y acciones que cometieron en
contra del unigénito y de sus fieles seguidores; y de estos son, en
sus millares, de todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y
dominios de la iglesia del SEÑOR. Por esta razón, bueno es recibir en
el corazón y confesar con nuestros labios el nombre sagrado de nuestro
Señor Jesucristo, delante de nuestro Padre celestial y de sus huestes
angelicales, para gloria y honra infinita de su nombre santísimo; para
así vivir protegidos por siempre de todo mal desde lo alto del monte
santo del cielo y de Jerusalén también.
En la medida en que, sólo nuestro Señor Jesucristo, el Rabino Yeshua
jaMashíax, es quien puede resplandecer más brillante que el sol de
nuestro sistema solar en cada uno de nuestros corazones eternos, para
que los ángeles caídos de mentiras, problemas, dificultades,
enfermedades y muertes sean cegados y así regresen inmediatamente a su
lugar eterno del infierno, para siempre. Porque si nosotros dejamos
que nuestro Señor Jesucristo entre en cada uno de nuestros corazones
como el Rabino Yeshua jaMashíax de nuestro Padre celestial, entonces
su luz más brillante que el sol brillara en nuestro interior, para que
donde sea oscuridad entonces sea luz eterna, para vivir por siempre en
las abundantes riquezas del árbol de la vida, ¡nuestro Salvador
Jesucristo!
Y sólo así, no solamente vencemos a Satanás y a cada una de sus
mentiras, maldades, ataques, calumnias, enfermedades y hasta la misma
muerte del fuego eterno del infierno, declarándonos legítimamente
santos e hijos de Dios en la tierra y en el cielo para siempre, sino
que también comenzamos a vivir nuestra verdadera vida angelical y
desde ya, sin duda alguna. Además, vivir a cada hora ésta vida
angelical y desde ya en todos los lugares de la tierra, realmente
significa que vivimos constantemente protegidos de todos los males de
Satanás, para recibir solamente bendiciones tras bendiciones sin fin
en nuestras vidas y en la vida de los nuestros, sean familiares y
hasta amistades cercanas o lejanas también, por ejemplo.
Porque la verdad es que en nosotros, de los que creemos en nuestros
corazones y confesamos con nuestros labios el nombre salvador del
Rabino de nuestro Padre celestial, nuestro Señor Jesucristo, entonces
emanamos perdón, salud, bendiciones sin fin para vida eterna en la
tierra para las naciones y del cielo también, gracias a la sangre
expiatoria del sacrificio de amor supremo. Porque la verdad es que
también, cuando nuestro Padre celestial nos crea en su corazón,
entonces nos funda inicialmente no como a uno de sus ángeles,
arcángeles, serafines, querubines o demás seres santos del cielo, sino
que nos establece en la imagen y conforme a la semejanza santísima de
su Rabino Yeshua jaMashíax, el Santo de Israel, para bendición de
muchos.
Y nuestro Padre celestial forma al hombre primero sobre todo lo alto
del monte santo del reino de los cielos, de donde él mismo introduce
su mano santa para sacar un puñado de tierra del hueco y así empieza a
formar el hombre en su imagen y conforme a su semejanza celestial,
para luz eterna en toda su creación celestial. Aquí, al ver que no era
bueno que el hombre viva solo, entonces nuestro Padre celestial lo
pone a dormir parado sobre el mismo hueco de donde sale inicialmente,
para sacar una de sus costillas y así forma a Eva su esposa; esto es
el comienzo de la vida humana como cruz brillante sobre el monte santo
del reino angelical.
Entonces nuestro verdadero origen no es el mundo, sino el mismo
corazón santísimo y sumamente glorioso de nuestro Padre celestial,
quien nos forma lleno del Espíritu Santo de amor eterno entre él y su
Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, para que seamos por
siempre delante de su presencia santa como él mismo, en su imagen y
conforme a su semejanza celestial. En otras palabras, cada uno de
nosotros, de todas las razas, pueblos, linajes, tribus y reinos,
comenzando con Adán y Eva como cruz sobre el monte santo del paraíso,
somos una copia exacta del Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor
Jesucristo, integrado a nosotros infinitamente por inicio, por eso
nuestro Padre celestial nos ama tanto en estos días y para siempre en
la eternidad.
Además, por esta razón, cada uno de nosotros puede entrar y salir de
nuestro Señor Jesucristo en la tierra o en el paraíso, para seguir
siendo como el Hijo de Dios, sin cambiar en nada jamás: notoriamente
perfecto, santo, puro y sin pecado eternamente y para siempre, delante
de la presencia de nuestro Padre celestial y de sus huestes
angelicales. Es decir, también que cada vez que nuestro Padre
celestial nos ve a cada uno de nosotros, no importando jamás cuan
pecadores seamos en el mundo o a que religión atendemos, él nos
contempla de pies a cabeza como a su Rabino Yeshua jaMashíax, santo de
nacimiento e infinitamente puro en su vida consagrada al Espíritu
Santo de la Ley.
Así es, cada vez que nuestro Padre celestial y su Espíritu Santo junto
con sus ángeles nos ve desde el cielo, en verdad, nos ve tal cual como
su Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, ya listo para
vivir la vida eterna desde ya en la tierra y en el cielo, eternamente
y para siempre. A fe, ninguno de nosotros, por más vil que sea o
alejado de Dios y de su Jesucristo, no es de este mundo jamás, sino
del mundo de arriba, en donde nuestro Padre celestial nos crea en su
corazón y con sus manos santas para que llevemos por siempre su imagen
y su semejanza celestial, para siempre en la eternidad.
Por esta razón, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, el Hijo de Dios, cada
vez que oraba a nuestro Padre celestial, entonces le decía: Padre
santo, acuérdate de que estos que me das no son del mundo, así como yo
no soy del mundo. Por eso, te pido, Padre santo, que no los quites del
mundo, sino que los protejas en tu nombre santo y sobrenatural, el
nombre que me diste (el de ser infinitamente tu Rabino Yeshua
jaMashíax, el Cristo), para que yo los guarde del poder del mal en la
tierra y en el más allá, eternamente y para siempre.
No te pido por el mundo, sino por ellos, por los que creen en sus
corazones y confiesan con sus labios mi nombre salvador, para que los
protejas de Satanás y de sus mentiras crueles con cada una de las
bendiciones de tu Espíritu Santo, para gloria y crecimiento de tu
Iglesia en la tierra y en el cielo, para siempre. Para que a ninguno
de ellos jamás le falte ninguna de tus bendiciones y así también a los
suyos, y así sean por siempre bendecidos, por los poderes y
autoridades sobrenaturales de tu nombre sobrenatural, el cual existe
en mi corazón en perfecta gloria y santidad sin fin, desde tiempos
inmemoriales, como desde los primeros días de la eternidad, ¡Yeshua
jaMashíax!
Y, entonces, desde el día que nuestro Señor Jesucristo hace ésta
oración celebre delante de nuestro Padre celestial, delante de sus
apóstoles y de sus discípulos, pues nos libera de muchos males
terribles, como de los cuales afligen a la humanidad entera sin piedad
alguna, porque el Espíritu Santo de los mandamientos no era aún
glorificado por la sangre del hombre. Sin embargo, gracias a nuestro
Señor Jesucristo, el Rabino Yeshua jaMashíax, colgado sobre lo alto
del monte, sangrando sangre santa y expiatoria, entonces no solamente
cumple con el Espíritu Santo de los mandamientos para fin del pecado,
sino que también escapamos todos nosotros de muchos males terribles,
incluyendo la muerte, para entrar a la vida eterna en estos días y
para siempre.
Hoy en día, vivimos sobre lo alto de la roca eterna del Rabino Yeshua
jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, para jamás sufrir ninguna de las
artimañas malvadas de Satanás y de sus ángeles caídos, en esta vida y
en la venidera también de La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del
cielo, en donde todo es amor y verdad para todos, para siempre.
Gracias a nuestro Padre celestial que sobre todo lo alto de esta roca
eterna, nuestro Señor Jesucristo establece para siempre su Iglesia
santa, por la cual jamás las puertas del infierno prevalecerán en
contra de ella, sino que será por siempre victoriosa para sus hijos y
para sus hijas a través de las edades. ¡Amén!
El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre celestial y de su Jesucristo
es contigo.
¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!
Dígale al Señor, nuestro Padre celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.
LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche,
(Deuteronomio 27: 15-26):
“‘¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de
fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley
perfecta de nuestro Padre celestial), y la tenga en un lugar secreto!’
Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!’ Y
todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su
prójimo!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!’ Y todo el pueblo
dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de
la viuda!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque
descubre la desnudes de su padre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!’ Y todo
el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija
de su madre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que se acueste con su suegra!’ Y todo el pueblo dirá:
‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su
semejante, sin causa alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa
alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por
obra en su diario vivir en la tierra!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS
Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!
SÓLO ÉSTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS
Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:
PRIMER MANDAMIENTO: “No tendrás otros dioses delante de mí”.
SEGUNO MANDAMIENTO: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos”.
TERCER MANDAMIENTO: “No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano”.
CUARTO MANDAMIENTO: “Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó”.
QUINTO MANDAMIENTO: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da”.
SEXTO MANDAMIENTO: “No cometerás homicidio”.
SEPTIMO MANDAMIENTO: “No cometerás adulterio”.
OCTAVO MANDAMIENTO: “No robarás”.
NOVENO MANDAMIENTO: “No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo”.
DECIMO MANDAMIENTO: “No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo”.
Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin más demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.
Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:
ORACIÓN DEL PERDÓN
Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.
Porque sí perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ”.
Juan 14:
NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.
¡CONFÍA EN JESÚS HOY!
MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.
YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.
- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.
Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete):
Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.
QUIZÁS TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.
¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?
¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?
Sí tu respuesta fue Sí, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:
Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.
Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.
Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.
El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: “Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén”. Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: “Haya paz en ti, siempre Jerusalén”. Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.
El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.
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http://radioalerta.com